Si bien Nelson murió a fines de 1806, debido a lo tardado de los viajes el funeral se demoró varios meses. La planeación, que tomó el funeral atrasó también el entierro. El evento tendría una gran magnificencia y la ceremonia duraría varios días. Primero, se esperaría la llegada del cadáver y la convocatoria a los políticos, clero, personal del ejército, así como aristócratas y demás personajes importantes.La planeación no estuvo libre de problemas y mucho se especuló acerca de la presencia de la tripulación de HMS Victory, el buque que había estado presente durante la batalla. Por otro lado el Rey forzó a su hijo el Príncipe de Gales a no asistir en calidad de heredero al trono, por lo que éste tuvo que participar como un asistente de tantos a pesar de su elevado título nobiliario.
sábado, 26 de abril de 2014
Preparando la despedida de un grande
Si bien Nelson murió a fines de 1806, debido a lo tardado de los viajes el funeral se demoró varios meses. La planeación, que tomó el funeral atrasó también el entierro. El evento tendría una gran magnificencia y la ceremonia duraría varios días. Primero, se esperaría la llegada del cadáver y la convocatoria a los políticos, clero, personal del ejército, así como aristócratas y demás personajes importantes.La planeación no estuvo libre de problemas y mucho se especuló acerca de la presencia de la tripulación de HMS Victory, el buque que había estado presente durante la batalla. Por otro lado el Rey forzó a su hijo el Príncipe de Gales a no asistir en calidad de heredero al trono, por lo que éste tuvo que participar como un asistente de tantos a pesar de su elevado título nobiliario.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Nelson: héroe y protector de Inglaterra I
Páginas de temática relacionada
Si bien este blog habla sobre el caso mexicano durante el
Porfiriato, en ocasiones como esta, haré
excepciones de tiempo y espacio.
El arte funerario y los
ritos fúnebres son imprescindibles en cualquier cultura. En esta ocasión presentaré
un ejemplo de le Gran Bretaña durante la Época Georgiana específicamente en el año
de 1806. Desde luego que me refiero al
opulento funeral que se le concedió al Vizconde
Horatio Nelson. Héroe de un buen
número de batallas y un fiel súbdito de la corona. Desde la Guerra de Independencia de los Estados
Unidos, hasta campañas en lugares tan exóticos para el momento como Egipto,
Nelson destacó por su pericia y talento militar, no obstante su mayor y última
Gloria fue sin duda la Batalla de Trafalgar en la que perdió la vida.
Si se toma en cuenta la distancia que hay entre el Cabo de Trafalgar y
el territorio Inglés no es de sorprender el tiempo tan largo (75 días) que hay
entre la mencionada batalla y el funeral
en Londres. Para empezar las noticias no llegaban en segundos u horas como
ahora, sino que el correo marítimo aplazaba la noticia durante semanas. Al saberse la noticia, en Londres, y desatarse un gran
pesar por el fallecimiento, se buscó decidir qué tipo de funeral debería recibir.
Un detalle que es de
mencionar es que si bien, en la época a los marinos y militares muertos en el mar se les lanzaba
al agua después de un servicio religioso más que breve. Sin embargo debido al rango
y popularidad que gozaba el personaje,
se determinó que el funeral debería ser en la capital de la nación con todo el boato inglés.
El funeral, se comenzó a planear desde noviembre
e incluso se dice que el mismo Rey George, el Arzobispo de Canterbury y el deán
(rector y ministro principal) de la Catedral de Saint Paul, se decidieron por
un servicio, cuyo final incluiría el depósito del cadáver de Nelson en la
cripta del templo.
Aunque pudiera parecer grotesco,
el cadáver se había preservado por varias semanas en una caja de madera llena de Brandy,
hoja de alcanfor y mirra, ahora
necesitaba un ataúd, que se pudiera ver presentable en un funeral de
Estado.
Fin parte I
martes, 25 de febrero de 2014
Publicidad fúnebre porfiriana: entre lo afrancesado y la higiene Parte II
En el primer post de
febrero veíamos que los estilos de las tumbas de la clase alta mexicana durante
el Porfiriato se vieron impregnados de
un gusto francés. Pero… ¿qué se ofrecía para el funeral y el velorio? Para
saber esto, podemos ver, en una nota de remisión de 1913 lo que la agencia de
inhumaciones del Señor Eusebio Gayosso Ofrecía al cliente toda una gama de servicios funerarios como
son: “Sepulcro, Bóveda Caja, Carro, Wagón [sic] 1ª, Wagón [sic] 2ª, Cartas de defunción, Cargadores, Ceremonias
Religiosa, Certificado del Registro Civil, Arreglo, Traslación, Ceras Candeleros,
Columnas”[1].
Si ponemos atención a esta imagen se pueden ver cuáles eran los servicios
básicos: la recaudación en panteones, Cajas mortuorias y el servicio en
ferrocarril; había otras que no es fácil
de imaginarse como los cirios y los pedestales para flores llamados columnas en
las notas de remisión. Por otro lado si se ve la imagen III es fácil deducir
que, de acuerdo a las necesidades y/o posibilidades del cliente, era el número
de ítems cobrados por El dueño de esta compañía.
martes, 18 de febrero de 2014
¡Mujer mexicana enterrada viva!: el miedo a la muerte.
Aunque podría parecer una
historia sacada de un relato de Edgar Allan Poe, o de la prensa sensacionalista este es un
relato que transcurre en plena Ciudad de México durante la Epidemia de cólera
de 1833. Se dice que una mujer de abolengo, la
octava condesa del Valle de Orizaba, “murió” contagiada de Cólera y que una vez
muerta a pesar de las restricciones de enterrar inmediatamente a los cadáveres,
debido a las circunstancias de peste fu e velada en el convento de Convento de
San Diego. Sin embargo, a media noche la señora despertó y ante la aterrada
mirada de los presentes, ¡se trasladó a su casa por su propio pie!
A
partir de entonces esta mujer fue apodada la “muerta resucitada” y no fue
hasta catorce años después que realmente falleció y fue debidamente sepultada, después
de varios días de velación.
Esta
curiosa anécdota sirve como recordatorio a uno de los temores más grandes que ha enfrentado el ser humano desde épocas inmemoriales.
El terror a la muerte y al no saber enfrentarla. Hay que señalar que, hay
variaciones en este temor. El miedo a morir repentinamente y desde luego el pánico
al ser enterrado vivo. En novelas, relato y leyendas se ha tratado este
escalofriante tópico. Una de las leyendas urbanas más conocidas en el ámbito mexicano
es la del actor Joaquín Pardavé. Y es que gracias a la catalepsia que padecía, se
hizo blanco de una serie de relatos cuasi inverosímiles en los que se decía
que por causas poco lógicas (con billetes
de lotería premiados y testamentos de por medio) fue exhumado y con gran estupor los sepultureros se
percatan del terrible error.
En novelas de Edgar Allan Poe “Entierro
prematuro” se mencionan casos donde a la persona se le sepultó antes de
tiempo. Algunos tienen resoluciones favorables pero otros con crudeza, plasman
en la ficción este temor, muy común en el siglo XIX a esa forma de morir.
En
conclusión podemos ver que, independientemente a que se trata de casos excepcionalmente
reales o bien episodios de ficción novelada
u oral. La catalogación medica de ciertos padecimientos como la catalepsia y sus implicaciones van a dar forma a una nueva forma de terror en la mente de la
sociedad
Si
quieres leer más de este tema puedes leer la novela de Poe o el libro Los nobles
ante la muerte en México de la Dra. Verónica
Zárate Toscano cuya reseña puedes ver en este link
-ZÁRATE TOSCANO, Verónica, Los nobles ante la muerte en México, México, El Colegio de México/Instituto Mora,
2000. 484p.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Publicidad fúnebre porfiriana: entre lo afrancesado y la higiene
La clase alta
porfiriana trataba de modernizarse cada vez más. A fines del siglo XIX y principios en la Ciudad
de México, se vieron cambios en la forma
de vida (y de muerte) de estos grupos mediante. Esto fue gracias a la introducción de empresas que, hasta ahora no existían y que buscaban facilitar un momento difícil como la partida
de un ser amado.
Esta ayuda consistía en
contratar los diferentes servicios que se necesitaban al momento de la muerte, el ataúd,
flores, velas, mausoleos y lápidas y
sobre todo el traslado a los nuevos cementerios. Durante el Porfiriato es que
surgen los nuevos cementerios externos a
la Ciudad de México y por lo tanto debe existir un transporte que evite a los
familiares llevar en hombros el ataúd. Para las distancias largas se utilizaron
tranvías que tenían costos variables
dependiendo la categoría, lo cual estaba
en razón del bolsillo de la familia. En ese momento la publicidad no era muy sutil, más bien, era descriptiva y directa y mostraba directamente los servicios prestados. Como auxiliar de publicidad se hacían dibujos o se presentaban fotos en las publicaciones periódicas, que mostraban la diversidad de oferta fúnebre.
Los cementerios de la época
buscaban antes que nada evitar los entierros en el interior de las iglesias y
en el atrio. En aquella época para ser moderno habría que ser ordenado y desde
luego limpio. La higiene se trasladaba a lo social en este caso un espacio específico
y nuevo en la imagen de la Ciudad de México: el cementerio extramuros. Este
espacio, por un lado era la solución a los atiborrados cementerios de las
iglesias y por otro un muestrario de los estilos, normalmente franceses que
imperaban en la estilística fúnebre de fines del siglo XIX y principios del XX.
miércoles, 29 de enero de 2014
La muerte ha permeado hasta la música. Un ejemplo de esto es la Marcha Fúnebre de Händel les dejo un link
¡De cabras a
calaveritas!
Aunque falta mucho,
para día de muertos, o tal vez tiene
poco que pasó, me gustaría comenzar hablando de un texto que me sirvió mucho en
la redacción del primer capítulo de mi tesis. Este libro se llama Idea de la muerte en México de Caludio
Lomnitz. En sus páginas podemos ver cómo
es que la tradición de lo que hoy conocemos como Día de muertos ha sufrido una
evolución constante a lo largo de varios siglos.
En
primer lugar, debemos reconocer, en contra de los que muchos nacionalistas pudieran pensar, que la festividad tiene una
mayor carga cristiana que de mitología Nahua. Si bien había festividades que
conmemoraban a los fallecidos en la
época prehispánica, en general la mayor carga y esencia de la festividad deriva
de la conmemoración cristiana del Día de ánimas o de los Fieles Difuntos. En ésta se
honran a los cristianos que han muerto y que se hallan en un estadio
metafísica llamado purgatorio que es previo al Cielo.
Durante la época colonial es de destacar que
la celebración duraba hasta más o menos el 15 de noviembre. Esto ocurría porque
muchas veces, el sacerdote encargado de oficiar los servicios religiosos tenía
que trasladarse de un pueblo o ciudad a otro, en caminos bastante
deficientes. Una vez que el ministro
llegaba a dicho poblado había un intercambio de oraciones por alimento que,
hasta cierto modo alimentarían al alma de los muertos, pero en general el
sacerdote era quien realmente se quedaba con la mayor parte de la comida. Estos
alimentos se llevaban en canastas a la iglesia y como lo Ilustra un antiguo
cuadro titulado El purgatorio y la
misa del Día de Ánimas, es posible ver como se ponían sobre paños de color
oscuro una serie de diversas viandas. Se
pueden apreciar fruta, maíz y algo que
sorprendería a más de uno: animales muertos. Éstos pueden ser desde pavos
(guajolotes) hasta ovejas.
Una
vez que la misa terminaba y se le dejaba una parte al clérigo, se llevaba el
resto a la casa, donde se ponía en el
lugar que se consideraba más sagrado: el altar familiar. No es de sorprender
entonces, la evolución de esta costumbre a los contemporáneos altares de
muertos que cada año alegran y dan color
y sabor al otoño mexicano.
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